LA PALABRA MÁGICA: POR FAVOR

Es frecuente, que los niños que vienen a mi consulta me soliciten algo, bien sea un depresor –alias palito-, una pegatina, globos,  o cualquier otro elemento llamado coloquialmente “pichigüili” que tenga a mano. A todos, sin excepción, les pregunto ¿Cuál es la palabra mágica?. En un primer momento se quedan desconcertados y no saben que decir, hasta que por detrás reciben la ayuda de los padres, para que digan “por favor”.  A pesar del chivatazo, siempre insisto un poco en que digan la frase completa: ¿Me das un palito por favor?. En ese caso, se lo doy, pero jugueteando hasta que me dicen gracias.

Creo que hay que inculcar el respeto y el valor de lo que cuestan las cosas.  El respeto es un valor humano, que se manifiesta en el buen trato hacia las distintas personas con las que se comparte la vida: padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, maestros y compañeros, etc.  quienes como personas que son merecen ser tratados con palabras y actitudes respetuosas a su condición humana. Entendemos por respeto al acto mediante el cual una persona tiene consideración por otra y actúa teniendo en cuenta sus intereses, capacidades, preferencias, miedos o sentimientos.

El respeto es un valor que permite que el hombre pueda reconocer, aceptar, apreciar y valorar las cualidades de los demás y sus derechos.: En una palabra es el reconocimiento del valor propio y de los derechos de los individuos y de la sociedad

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE EL RESPETO?

En un mundo cada vez más globalizado y diversificado, Saber respetar a los demás es esencial, pues representa valorar y tolerar las diferencias y comprender que ellas nos hacen crecer. Entendemos por respeto al acto mediante el cual una persona tiene consideración por otra y actúa teniendo en cuenta sus intereses, capacidades, preferencias, miedos o sentimientos.

En las últimas semanas, estamos siendo testigos de múltiples agresiones, violencia de género, por la condición sexual, por la raza,  etc.

Es frecuente ver en nuestras consultas, niños y jóvenes que contradicen a sus padres, les faltan el respeto igual que a los maestros, desmontan la consulta, sin que los padres les pongan límites. También a niños correteando por las mesas de los restaurantes o cafeterías. Niños y jóvenes sentados en medios de trasporte público, mientras personas mayores o embarazada no pueden hacerlo por estar los asientos ocupados. Y así podríamos enumerar muchos ejemplos.

El lenguaje despectivo de los adolescentes hacia sus padres es bastante usual en los contextos familiares. Son muchos padres los que buscan ayuda para comprender y atajar la causa de los comportamientos extremos dentro de casa y de las palabras soeces y el tono despreciativo e imperativo que utilizan sus hijos hacia ellos, haciendo que se replanteen constantemente su labor como padres.  suelen utilizar este lenguaje  para aliviar la presión, la liberación de los sentimientos de irritación y la impaciencia, para expresar sorpresa, alegría o para dar más fuerza o peso a lo dicho. Esta forma de lenguaje no solo se utiliza para mostrar agresividad o irritación; muchos adolescentes lo hacen para reforzar el sentido de pertenencia a un grupo, por ejemplo, un equipo deportivo o a un grupo de colegas.

El respeto por los demás y por uno mismo debe desarrollarse y fomentarse desde la más tierna infancia.

Un niño se sentirá respetado cuando experimente la comprensión y satisfacción de sus necesidades por parte de sus cuidadores y educadores.

Si somos padres empáticos será más fácil educar a nuestros hijos con sentido del respeto.

Si somos padres coherentes y predecibles estableceremos con nuestros hijos vínculos seguros y sólidos; y desde muy pequeños, entenderán que existen normas y límites que les ayudan a sentirse seguros y protegidos.

Sentirse respetado (comprendido, aceptado) y mostrar respeto (comprender, aceptar a los demás) ayudará al niño a madurar, a adquirir responsabilidad y a saber convivir.

Si educamos a nuestros hijos en la tolerancia y la aceptación de las diferencias estaremos educando su sentido del respeto. Y ES MEJOR EDUCAR CON RESPETO QUE CON AUTORIDAD, aunque esto último, merece ser desarrollado otro día

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